de Dmitri Ivánovich Petríshchev y único heredero de su fortuna, juez de instrucción, comenzó a mostrarse tan atento con Lizanka, que Iván Ilich le había planteado a su mujer si no valdría la pena organizar para ellos un paseo en trineo o preparar algunas funciones teatrales. Así vivían. Y todo transcurría de este modo, sin cambios, y todo iba muy bien.
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III
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