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nydus/Short FictionPublic
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IV

Un homeópata dio un diagnóstico aún distinto de la dolencia y le recetó un medicamento, que Iván Ilich tomó en secreto durante una semana; pero tras una semana de medicina homeopática no sintió ningún alivio y, al perder la fe tanto en el tratamiento del otro médico como en este, cayó en un desaliento aún más profundo. Un día, una señora de su conocimiento le habló de las curaciones obradas por las imágenes sagradas. Iván Ilich se sorprendió a sí mismo escuchando atentamente y creyendo en la realidad de los hechos aducidos. Este incidente lo alarmó. > «¿Habré degenerado hasta semejante grado de debilidad intelectual? —se dijo—. ¡Tonterías, todo eso es pura patraña! No debo ceder a temores nerviosos; debo elegir a un médico y seguir estrictamente su tratamiento. Eso es lo que haré. Ya está decidido. No pensaré más en ello, pero de aquí al verano me atendré al tratamiento y luego ya veré. ¡Ahora voy a poner fin a estas vacilaciones!». Era fácil decirlo, pero imposible de cumplir. El dolor en el costado no dejaba de atosigarle, pareciendo hacerse cada vez más agudo y constante; le parecía que el sabor de su boca era más raro, que incluso de su aliento emanaba un olor repugnante, y que el apetito y las fuerzas se le iban menguando. No cabía engañarse; algo terrible, nuevo y tan importante que nada más importante había habido jamás en la vida de Iván Ilich estaba ocurriendo en su interior, y él era el único en saberlo. Todos los que lo rodeaban no lo comprendían o no querían comprenderlo, y creían que todo en el mundo seguía su curso como antes. Esto era lo que más atormentaba a Iván Ilich. Los de su propia casa, sobre todo su mujer y su hija, que vivían absortas en un auténtico torbellino de visitas, vio que no comprendían nada

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