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nydus/Short FictionPublic
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II

piedra. Recordaba también la primera prisión en la que había estado y su salida de ella, al mesonero gordo, a la mujer del carretero y a los niños. Luego volvía ella a su mente y otra vez sentía terror. Quitándose de los hombros el gabán de preso, saltó de la cama y, como una fiera en una jaula, empezó a pasear de un lado a otro de su diminuta celda, dándose la vuelta apresuradamente al llegar a las húmedas paredes. Una vez más intentó rezar, pero ya de nada

Llegó el otoño con sus largas noches. Una tarde, cuando el viento silbaba y aullaba en las tuberías, Stepán, tras pasearse de un lado a otro de su celda durante un buen rato, se sentó en la cama. Sintió que ya no podía luchar más; los demonios negros lo habían vencido y tenía que rendirse.

Desde hacía un tiempo miraba el tubo de la estufa. Si lograba fijar en el pomo de su tapa un lazo hecho con finas tiras de tela estrecha, aguantaría.⁠ ⁠… Pero tendría que arreglárselas con mucha habilidad.

Se puso manos a la obra y pasó dos días fabricando tiras con la bolsa de lino en la que dormía. Cuando el guardia entraba en la celda, cubría la cama con su gabán. Ató las tiras con nudos grandes y las hizo dobles para que fueran lo suficientemente fuertes como para soportar su peso.

Durante estos preparativos estuvo libre de visiones atormentadoras. Cuando las tiras estuvieron listas, hizo un nudo corredizo con ellas, se lo puso alrededor del cuello, se puso de pie sobre la cama y se ahorcó. Pero en el mismo instante en que su lengua comenzó a asomar, las tiras se aflojaron y cayó al suelo.

El guardia irrumpió al oír el ruido. Llamaron al médico y llevaron a Stepán a la enfermería. Al día siguiente se recuperó y lo trasladaron de la enfermería, ya no a una celda de aislamiento, sino a compartir la celda común con otros presos.

En la celda común vivía en compañía de veinte hombres, pero se sentía como si estuviera completamente solo.

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