«Los sementales, hermanos míos, fueron puestos a prueba; se calculó su tiempo; la gente venía a verlos; los paseaban en carruajes dorados. Les ponían sillas costosas. Pero a mí me llevaban en el sencillo pescante del caballerizo, cuando este tenía asuntos en Chesmenka y en otras casas solariegas. Todo esto se debía a que yo era pinto, pero más que nada a que, según su criterio, yo no era propiedad del conde, sino del caballerizo».
“Mañana, si estamos vivos, te diré qué seria influencia ejerció sobre mí este derecho de propiedad que el caballerizo se arrogaba”.
Todo aquel día los caballos trataron a Jolstomir con gran consideración; pero Néstor, por vieja costumbre, lo llevó al campo. ¡Pero los modales de Néstor eran tan bruscos! El semental tordillo del mujik, viniendo hacia la manada, relinchó: y de nuevo la potranca alazana le respondió coquetamente.