lactancia, la coquetería femenina que había permanecido latente en su interior se manifestó con especial fuerza. Y, coincidiendo con esto, los tormentos de los celos surgieron en mí con particular intensidad. Me torturaron durante toda mi vida conyugal, como no pueden dejar de torturar a todos los maridos que viven con sus mujeres y yo vivía con la mía, es decir, de manera inmoral”.
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XIV
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