Y con manos temblorosas Kornéy se agarró de la litera y del poste que la sostenía, y con sus largas y delgadas piernas trepó al horno.
—¡Ya está! —dijo la anciana ama de casa a su hijo, haciendo una seña en dirección a su visitante.
Y con manos temblorosas Kornéy se agarró de la litera y del poste que la sostenía, y con sus largas y delgadas piernas trepó al horno.
—¡Ya está! —dijo la anciana ama de casa a su hijo, haciendo una seña en dirección a su visitante.