“Me estás deshonrando ante mi amo; estás robando sin motivo. Si no te detienes, te echará, y ¿a dónde irás entonces? En el Volga hay un gran ejército zarista; nos atraparán, y entonces pagaremos por nuestras fechorías pasadas. Pero si te sientes solo, aquí tienes trabajo”.
Y les enseñó la carta del zar, en la que se decía que a Stroganóv se le había permitido conquistar tierras más allá de los Urales. Los cosacos tuvieron una consulta y acordaron ir. Yermak fue a ver a Stroganóv, y comenzaron a deliberar sobre cuál sería la mejor manera de ir.
Discutieron cuántas barcazas necesitaban, cuánto grano, ganado, cañones, pólvora, plomo, cuántos intérpretes tártaros cautivos y cuántos extranjeros como maestros de artillería.
Stroganóv pensó:
“Aunque me cueste mucho, debo darles todo o de lo contrario se quedarán aquí y me arruinarán”.
Stróganov aceptó todo, reunió lo necesario y equipó a Yermak y a los cosacos.
El 1 de septiembre, los cosacos remontaron el río Chúsovaya con Yermak en treinta y dos barcazas, con doce hombres en cada una. Durante cuatro días remaron río arriba y luego se desviaron hacia el río Serébryanaya. Más allá de ese punto era imposible navegar. Preguntaron a los guías y se enteraron de que desde allí tenían que cruzar las montañas y caminar por tierra unas dos verstas, y entonces los ríos volverían a empezar. Los cosacos se detuvieron, construyeron un poblado y descargaron todo su equipo; abandonaron los botes, hicieron carretas, cargaron todo en ellas y se pusieron en marcha por tierra, a través de las montañas. Todos esos lugares estaban cubiertos de bosques y no vivía nadie allí. Marcharon durante unos diez días y llegaron al río Zharóvnya. Aquí se