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nydus/Short FictionPublic
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VI

La idea de que él mismo pudiera llegar a ser un millonario como Mirónov, que empezó sin nada, excitó tanto a Vasíli Andréevich que sintió la necesidad de hablar con alguien. Pero no había con quién hablar.⁠ ⁠… Si al menos hubiera podido llegar a Goryáchkin, le habría hablado al propietario y le habría abierto los ojos.

—¡Mira cómo sopla! ¡Nos va a sepultar con tanta nieve que no podremos salir mañana! —pensó, escuchando una ráfaga de viento que soplaba contra la parte delantera del trineo, doblándola y azotando la nieve contra ella.

Se incorporó y miró a su alrededor. Todo lo que podía ver a través de la oscuridad arremolinada era la cabeza oscura de Mujórty, su espalda cubierta por la frazada ondeante y su cola gruesa y nudosa; mientras que a su alrededor, delante y detrás, se extendía la misma oscuridad blanquecina e inestable, que a veces parecía aclararse un poco y otras se volvía aún más densa.

—Lástima haberle hecho caso a Nikíta —pensó—. Tendríamos que haber seguido. Habríamos llegado a alguna parte, aunque solo fuera de vuelta a Gríshkino, y nos habríamos quedado a pasar la noche en casa de Tarás. Tal como están las cosas, tenemos que quedarme aquí toda la noche. ¿En qué estaba pensando? Ah, sí, en que Dios le da a los que se esfuerzan, pero no a los holgazanes, gandules ni tontos. ¡Tengo que fumar!

Se sentó de nuevo, sacó su cigarrera y se estiró boca abajo, resguardando las cerillas con los faldones de su abrigo. Pero el viento se las ingenió para colarse y apagó cerilla tras cerilla.

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