madre, el padre y la hija, al regresar a casa, encontraron su ropa excelente.
¿Recuerdas aquella gozosa sensación de la infancia, cuando te vestían de punta en blanca para tu santo y te llevaban a misa, y al regresar con una expresión festiva en la ropa, en el semblante y en el alma, encontrabas juguetes e invitados en casa?
Sabías que ese día no habría clases, que incluso los adultos lo celebraban, y que aquel era un día de excepciones y placeres para toda la casa; sabías que tú solo eras el motivo de aquella fiesta, y que se te perdonaría cualquier cosa que hicieras, y te sorprendía ver que la gente de las calles no lo celebraba junto con los tuyos, y los sonidos se oían con más claridad y los colores eran más brillantes; en suma, una sensación de día de santo.
Fue una sensación de ese tipo la que experimentó Piotr Ivánovich al regresar de la iglesia.