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nydus/Short FictionPublic
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III

pero ni a mí mismo ni a Dios. No soy un hombre majestuoso, sino uno digno de lástima y ridículo!”. Y echó hacia atrás los pliegues de su sotana y sonrió al mirar sus piernas delgadas en ropa interior.

Luego volvió a soltar los pliegues de la sotana y comenzó a leer las oraciones, santiguándose y postrándose. «¿Acaso este le será mi lecho de muerte?», leyó. Y le pareció como si un demonio le susurrara: «Un lecho solitario es en sí mismo un lecho de muerte. ¡Mentira!». Y vio en su imaginación los hombros de una viuda con la que había convivido. Se estremeció y siguió leyendo. Habiendo leído los preceptos, tomó los Evangelios, abrió el libro y dio por casualidad con un pasaje que repetía a menudo y se sabía de memoria: «¡Señor, creo! ¡Ayuda mi incredulidad!», y apartó todas las dudas que le habían surgido. Como quien vuelve a colocar un objeto en precario equilibrio, así restituyó con cuidado su creencia sobre su inestable pedestal y se alejó de ella con cautela para no sacudirla ni derribarla. Las anteojeras se le ajustaron de nuevo y se sintió tranquilizado, y repitiendo su oración de la infancia: «¡Señor, recíbeme, recíbeme!», se sintió no solo a gusto, sino emocionado y dichoso. Se santiguó y se acostó sobre la ropa de cama en su estrecho banco, metiéndose la sotana de verano bajo la cabeza. Se durmió al instante y, en su ingrávido sopor, le pareció oír el tintineo de unos cascabeles de trineo. No sabía si estaba soñando o despierto, pero un golpe en la puerta lo despertó. Se incorporó desconfiando de sus sentidos, pero el golpe se repitió. Sí, era un golpe muy cerca, en su puerta, y junto con él el sonido de una voz de mujer.

“¡Dios mío! ¿Será verdad, como he leído en las Vidas de los santos, que el diablo adopta la forma de mujer? Sí, es una voz de mujer. Y una voz tierna, tímida, agradable. ¡Puaj!”. Y escupió para exorcizar al diablo. —No, no ha sido más que mi imaginación—, se aseguró a sí mismo, y fue al rincón donde estaba su atril, dejándose caer derodillas de la manera habitual y rutinaria que por sí sola le proporcionaba consuelo y satisfacción. Se desplomó, con los cabellos colgándole sobre el rostro, y apretó

1907