salir de la cárcel, sin el cupón y con solo siete rublos restantes de los veinticinco que tenía el día anterior.
De estos siete rublos se gastó tres en la taberna y volvió a casa con su mujer borrachísimo, con la cara magullada e hinchada.
Su esposa esperaba un hijo, y se sentía muy enferma. Empezó a regañar a su marido; él la apartó, y ella lo golpeó. Sin responder una sola palabra, él se acostó sobre el tablón y se puso a llorar amargamente.
No fue hasta el día siguiente cuando le contó a su mujer lo que había pasado en realidad. Ella le creyó al instante, y maldijo a fondo al infame hombre rico que había engañado a Iván. Él ya estaba sobrio y, recordando el consejo que le había dado un obrero con el que se había tomado unos cuantos tragos el día anterior, decidió ir a un abogado y contarle el agravio que el dueño de la tienda de fotografía le había hecho.