Pero el viejo Diablo solo les enseñó con muchas palabras cómo podían vivir sin trabajar. La gente no pudo sacar nada en limpio. Miraron y reflexionaron, y al final se fueron a atender sus asuntos.
El viejo Diablo estuvo de pie en la torre un día entero, y después un segundo día, hablando todo el tiempo.
Pero al estar allí de pie tanto tiempo le dio hambre, y los necios jamás pensaron en llevarle comida arriba a la torre. Pensaban que si podía trabajar con la cabeza mejor que con las manos, de cualquier modo podría proporcionarse pan fácilmente a sí mismo.
El viejo diablo se quedó en lo alto de la torre un día más, hablando sin parar. La gente se acercaba, miraba un rato y luego se iba.
Y Iván preguntó: «Bueno, ¿ya ha empezado el caballero a trabajar con la cabeza?».
“Todavía no”, dijeron las personas; “sigue soltando su perorata”.