las consideraciones, salvo las necesarias para la acción, se me borraron de la cabeza. Entré en ese estado en el que un animal o un hombre, bajo la influencia de la excitación física en un momento de peligro, actúa con precisión y deliberación, pero sin perder un instante y siempre con un único objetivo bien definido en
“Lo primero que hice fue quitarme las botas y, en calcetines, acercarme al sofá, sobre cuya pared pendían fusiles y puñales. Bajé un puñal curvo de Damasco que jamás se había usado y estaba muy afilado. Lo saqué de la vaina. Recuerdo que la vaina cayó detrás del sofá, y recuerdo haber pensado: «Debo encontrarla después o se perderá». Luego me quité el abrigo que todavía llevaba puesto, y caminando sigilosamente en calcetines me dirigí allí.