Primera noche
—Sí, mi padre fue Liubeznuï I. Babá fue mi madre. Según el árbol genealógico, mi nombre es Muzhik I. Muzhik I soy según mi pedigrí; pero por lo general se me conoce como Jolstomír, debido a un galope largo y glorioso, como jamás ha habido otro en Rusia. En cuanto a linaje, ningún caballo en el mundo me supera en buena sangre. Jamás os habría contado esto. ¿Para qué? Nunca me habríais conocido como me conoció Viazopúrikha cuando solíamos estar juntos en Jrénova, y quien apenas hace un momento me reconoció. No me habríais creído de no ser por el testimonio de Viazopúrikha, y nunca os habría dicho esto. No necesito la compasión de los de mi especie. Pero vosotros insisteis. Bien, yo soy ese Jolstomír al que los aficionados buscan y no encuentran, ese Jolstomír al que el conde en persona puso nombre, y al que dejó marchar de su criadero porque adelanté a su favorito «Lebedí».
“Cuando nací no sabía qué querían decir cuando me llamaban pío; creía que era un caballo. El primer comentario que hicieron sobre mi piel, lo recuerdo, nos sorprendió profundamente a mí y a mi madre.
“Debo haber nacido en la noche. Por la mañana, limpiada con la lengua de mi madre, me puse en pie. Recuerdo todas mis sensaciones, y que todo me parecía perfectamente maravilloso y, al mismo tiempo, perfectamente sencillo. Nuestros establos estaban en un corredor largo y cálido, con puertas enrejadas a través de las cuales no se veía nada.
“Mi madre me incitó a mamar; pero yo era todavía tan inocente que la topetaba con el hocico, ora bajo sus patas delanteras, ora en otras partes. De repente, mi madre miró hacia la puerta enrejada y, pasando una pata por encima de mí, se hizo a un lado. Uno de los mozos de cuadra nos miraba a través de la reja.