“No era mi intención. ¡Está bien!”
Me indigné tanto que la sangre se me abalanzó al corazón. Se lo reproché a Nicolai Ivánovich, y no me avergonzó que hicieran disculparse a Galitsin.
Basta por hoy. Mi vela está casi consumida y tengo que cortar un poco de leña. Mi hacha está roma y no tengo con qué afilarla. Además, no sé cómo hacerlo.