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nydus/Short FictionPublic
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VIII

—Debo calmarme y pensar bien las cosas —se dijo, pero aun así no lograba detenerse y seguía arreando al caballo, sin notar que ahora avanzaba a favor del viento en lugar de en su contra.

Su cuerpo, especialmente entre las piernas, donde rozaba el arnés y no lo cubría el abrigo, se estaba enfriando de manera dolorosa, sobre todo cuando el caballo caminaba despacio.

Sus piernas y brazos temblaban y su respiración se aceleraba. Se veía a sí mismo pereciendo en medio de aquel espantoso páramo nevado, y no vislumbraba ninguna vía de escape.

De repente el caballo que montaba dio un tropiezo en algo y, hundiéndose en un ventisquero, empezó a corcovear y cayó sobre un costado.

Vasíli Andréevich saltó y al hacerlo arrastró hacia un lado la retranca en la que tenía apoyado el pie, y torció el almohadón al que se aferraba al desmontar.

Apenas hubo saltado, el caballo se puso en pie a fuerza de tirones, arremetió hacia delante, dio un salto y otro, relinchó de nuevo y, arrastrando tras de sí la frazada y la retranca, desapareció, dejando a Vasíli Andréevich solo en el ventisquero.

Este último prosiguió tras el caballo, pero la nieve era tan profunda y sus abrigos eran tan pesados que, hundiéndose por encima de las rodillas a cada paso, se detuvo sin aliento tras dar no más de veinte pasos. > «El soto, los bueyes, el arrendamiento, la tienda, la taberna, la casa con el granero de tejado de hierro, y mi heredero», pensó. «¿Cómo puedo dejar todo eso? ¿Qué significa esto? ¡No puede ser!». Estos pensamientos cruzaron su mente como un relámpago. Luego pensó en el ajenjo agitado por el viento, junto al cual había pasado

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