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nydus/Short FictionPublic
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I

Ahora recordaba cómo el emperador, al encontrárselo en la Avenida Nevski, lo había felicitado amablemente.

—¡Oh Dios, qué he hecho! ¡Stiva!

“¡No me toques! ¡No me toques! ¡Ay, cómo duele!”

Se volvió y fue a la casa.

Allí se encontró con su madre.

“¿Qué le pasa, príncipe? Yo…”

Enmudeció al verle el rostro. La sangre le había subido de repente a la cabeza.

“¡Lo sabías, y me usaste para protegerlos! ¡Si no fueras mujer…!”, gritó, levantando su enorme puño, y apartándose, echó a correr.

Si el amante de su prometida hubiera sido un hombre privado lo habría matado, pero era su amado zar.

Al día siguiente solicitó tanto un permiso como su baja, y fingiendo estar enfermo, para no ver a nadie, se marchó al campo.

Pasó el verano en su pueblo arreglando sus asuntos. Cuando el verano terminó no regresó a Petersburgo, sino que ingresó en un monasterio y allí se hizo monje.

Su madre le escribió para intentar dissuadirlo de este paso decisivo, pero él le respondió que sentía el llamado de Dios, el cual trascendía cualquier otra consideración. Solo su hermana, que era tan orgullosa y ambiciosa como él, lo comprendió.

Comprendía que él se había hecho monje para estar por encima de aquellos que se consideraban sus superiores. Y lo comprendía

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