convento. Después de la celebración de la misa, pronunció un sermón en el que denuncio sus propios pecados y los del mundo, e instó a todos a arrepentirse.
Desde aquel día predicó cada quince días, y sus sermones atrajeron a públicos cada vez mayores.
Su fama como predicador se extendió por todas partes. Sus sermones eran extraordinariamente audaces y sinceros, y causaron una profunda impresión en todos los que lo escuchaban.