Ya junto al río, gastándole bromas al viejo caballo castrado, había galopado por el agua fingiendo que algo la había asustado, bufando, para luego salir disparada a toda velocidad por el campo; de modo que Vaska se vio obligado a galopar tras ella y tras los demás que le pisaban los talones. Luego, tras pacer un rato, empezó a revolcarse, y a continuación a importunar a las viejas yeguas cruzándose gallarda frente a ellas. Después separó a un potrillo lactante de su madre y se puso a perseguirlo fingiendo que quería morderlo. La madre se asustó y dejó de pacer; el pequeño potro relinchó con tonos conmovedores. Pero la traviesa y joven yegua no lo tocó, sino que solo lo asustó y ofreció un espectáculo para sus compañeras, que miraban con simpatía sus payasadas.
Luego se dispuso a volver la cabeza del caballo tordillo bayo, al que un mujik, muy lejos, al otro lado del río, arreaba con un arado en el campo de centeno. Se paró con orgullo, un tanto de lado, levantando la alta cabeza, se estremeció y relinchó con voz dulce, significativa y seductora.
Es el tiempo en que el rascón, corriendo de un lado a otro entre las espesas cañas, llama apasionadamente a su compañera; en que también el cuco y la codorniz cantan al amor; y las flores se envían mutuamente, en la brisa, su polvo aromático.
—Y soy joven, amable y fuerte —decia relinchando la alegre desenfrenada—, y hasta ahora no se me ha dado experimentar la dulzura de este sentimiento, no haberlo sentido jamás; y ningún amante, no, ni uno solo, ha venido aún a cortejarme.
Y el significativo relincho resonó con juvenil melancolía sobre la llanura y el campo, y llegó a los oídos del caballo tordillo muy a lo lejos. Éste aguzó las orejas y se detuvo.