CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Página 1285 de 2434
Table of Contents

X

La gente acudía en masa a verlo. Ricos mercaderes llegaban en carruaje llevándole regalos, pero él se quedaba solo con lo estrictamente necesario para sí mismo y regalaba el resto a los pobres.

Y así vivió el ahijado: acarreando agua en la boca y regando los troncos la mitad del día, y descansando y recibiendo a la gente la otra mitad. Y empezó a pensar que esa era la forma en que le habían mandado vivir, para destruir el mal y expiar sus pecados.

Pasó dos años de este modo, sin omitir ni un solo día regar los troncos. Pero aun así ni uno solo de ellos brotó.

Un día, mientras estaba sentado en su celda, oyó pasar a un hombre a caballo que iba cantando.

El ahijado salió para ver qué clase de hombre era. Vio a un mozo fuerte, bien vestido y montado en un hermoso caballo bien ensillado.

El ahijado lo detuvo y le preguntó quién era y a dónde iba.

—Soy un bandido —respondió el hombre, deteniendo las riendas—. Ando por los caminos matando gente; y cuantos más mato, más alegres son las canciones que canto.

El ahijado quedó horrorizado y pensó:

“¿Cómo se puede destruir el mal en un hombre como este? Es fácil hablar con aquellos que vienen a mí por su propia voluntad y confiesan sus pecados. Pero este se jacta del mal que hace”.

Así que no dijo nada y se dio la vuelta, pensando:

«¿Qué voy a hacer ahora? Este bandido puede ponerse a rondar por aquí y espantará a la gente. Dejarán de venir a verme. Será una pérdida para ellos, y yo no sabré cómo ganarme la vida».

1285