condenaron a un año de prisión, lo cual era un castigo leve para lo que había hecho. Le quitaron su ropa de campesino y la guardaron en los almacenes de la prisión, y en su lugar le dieron un traje de presidiario y botas de fieltro. Stepán nunca había tenido mucho respeto por las autoridades, pero ahora quedó totalmente convencido de que todos los jefes, toda la gente fina, todos excepto el zar —que era el único que se compadecía de los campesinos y era justo—, todos eran ladrones que chupaban la sangre del pueblo. Todo lo que escuchaba de los convictos deportados y de los condenados a trabajos forzados, con quienes había hecho amistad en las prisiones, le confirmaba en sus puntos de vista. A uno lo habían condenado a trabajos forzados por haber denunciado el robo de sus superiores; a otro por haber golpeado a un funcionario que había confiscado injustamente la propiedad de un campesino; a un tercero por falsificar billetes de banco. La gente adinerada, los comerciantes, podían hacer
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