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nydus/Short FictionPublic
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Una chispa descuidada quema la casa

Así fue como empezó todo.

Gabriel envolvió en un papel los cabellos arrancar de su barba, y fue al Tribunal de Distrito para hacer valer la ley contra Iván. —¡No me dejé crecer la barba —dijo— para que el picado de viruelas de Iván me la arranque!— Y su mujer fue presumiendo con los vecinos, diciendo que condenarían a Iván y lo mandarían a Siberia. Y así creció la enemistad.

El viejo, desde donde yacía encima del horno, trató desde el primer momento de persuadirlos para que hicieran las paces, pero ellos no querían escuchar. Les dijo:

«Es una estupidez lo que buscáis, hijos míos, buscar pleitos por un asunto tan insignificante. ¡Pensadlo bien! Todo empezó por un huevo. Puede que los niños lo hayan cogido; bueno, ¿qué importa? ¿Cuál es el valor de un huevo? ¡Dios manda suficiente para todos! Y supongamos que vuestra vecina dijo una palabra desagradable: rectificadlo, ¡enseñadle a decir una mejor! Si ha habido una pelea, bueno, esas cosas pasan; todos somos pecadores, pero reconciliaos y que se acabe todo. Si alimentáis vuestra ira, será peor para vosotros mismos».

Pero los jóvenes no querían escuchar al viejo. Creían que sus palabras eran pura senilidad sin sentido. Iván no quería humillarse ante su vecino.

—Nunca le tiré de la barba —dijo—, se arrancó el pelo él mismo. Pero su hijo ha reventado todos los broches de mi camisa y la ha desgarrado.⁠ ⁠… ¡Mírela!

Y Iván también recurrió a la justicia. Fueron juzgados por el Juez de Paz y por el Tribunal de Distrito. Mientras todo esto sucedía, el perno de unión del carro de Gabriel desapareció.

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