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nydus/Short FictionPublic
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II

—¡Oh, me gustan muchísimo! —respondió M. Chevalier—. Las mujeres son mi pasión. ¿No me cree?

—¿Oye usted, Madame Chevalier? —gritó un fornido oficial de cosacos, que le debía una fuerte suma al establecimiento y era aficionado a charlar con el mesonero.

—Él comparte mi gusto —dijo M. Chevalier, dándole una palmada en la hombrera al hombre fornido.

—¿Y es de veras bonita esta señorita siberiana?

M. Chevalier cruzó los dedos y los besó.

Después de aquello la conversación entre los invitados se volvió confidencial y muy alegre. Hablaban del oficial fornido; él sonreía al escuchar lo que decían sobre él.

—¡Cómo se puede tener un gusto tan pervertido! —exclamó uno, entre risas—. ¡Mlle. Clarisse! Ya sabes, Strúgov prefiere a las mujeres que tienen pantorrillas de pollo.

Aunque la señorita Clarisse no comprendió la gracia de aquel comentario, estalló tras su mostrador en una risa tan argentada como se lo permitían sus malos dientes y su avanzada edad.

—¿Le habrá metido la siberiana esos pensamientos en la cabeza? —y ella rió con más ganas aún. El propio señor Chevalier soltó una carcajada al decir:

“Ce vieux coquin”, decía mientras le daba palmadas en la cabeza y en los hombros al oficial de cosacos.

—¿Pero quiénes son, esos siberianos? ¿Propietarios de minas o comerciantes? —preguntó uno de los caballeros durante una pausa en las risas.

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