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nydus/Short FictionPublic
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IV

—Bien —dijo—, tal vez en realidad todavía no sea nada.

Empezó a tomar la medicina, a seguir las indicaciones del médico, que cambiaron tras el análisis del agua.

Pero fue precisamente en este punto donde surgió cierta confusión, ya fuera en el análisis o en lo que debía haberse deducido de él.

A él mismo, por supuesto, no se le podía culpar, pero resultó que las cosas no habían sucedido como el médico le había dicho. O bien lo había olvidado, o había mentido, o le estaba ocultando algo.

Pero Iván Ilich seguía cumpliendo con la misma exactitud las indicaciones del médico, y al hacerlo encontraba consuelo al principio.

Desde el tiempo de su visita al médico, la ocupación principal de Iván Ilich se convirtió en la observancia exacta de las prescripciones del médico en lo referente a la higiene y la medicina, y en la observación cuidadosa de su dolencia en todas las funciones de su organismo.

El interés principal de Iván Ilich pasó a ser las dolencias de la gente y la salud de la gente. Cuando se hablaba en su presencia sobre gente enferma, sobre muertes y recuperaciones, especialmente en el caso de una enfermedad parecida a la suya, escuchaba, intentando ocultar su emoción, hacía preguntas y aplicaba lo que escuchaba a su propio mal.

El dolor no disminuía; pero Iván Ilich hizo grandes esfuerzos para obligarse a creer que estaba mejor. Y lograba engañarse a sí mismo mientras nada sucediera que pudiera perturbarlo. Pero tan pronto como tenía un contratiempo, unas palabras desagradables con su esposa, un fracaso en su trabajo oficial, una mala mano al vínt (*), se hacía inmediatamente consciente de su enfermedad. En otros tiempos había soportado tales percances con la esperanza de enmendar pronto el error, de dar la batalla, de alcanzar el éxito más tarde, de tener una buena mano.

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