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nydus/Short FictionPublic
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II

la saliva de la boca. El pelirrojo se limitaba a entrecerrar los ojos y chasquear la lengua.

Se calmaron al cabo de un rato, y el intérprete dijo: «Cinco mil rublos no son suficientes para el amo. Él mismo pagó dos mil por ti. Kazi-Mojammed le debía dinero, y te aceptó como pago. ¡Tres mil rublos! Menos que eso no bastará. Si te niegas a escribir, ¡te meteremos en un foso y te azotaremos con una fusta!».

—¡Eh! —pensó Zhílin—, cuanto más se les teme, peor es.

Así que se puso de pie de un salto y dijo: «¡Dile a ese perro que si intenta asustarme no escribiré nada en absoluto y él no recibirá nada! ¡Nunca les he tenido miedo a ustedes los perros y jamás se lo tendré!».

El intérprete tradujo, y de nuevo todos empezaron a hablar a la vez.

Charlaron durante un buen rato, y luego el hombre oscuro se levantó de un salto, se acercó a Zhílin y dijo: «¡Dzhigit Russ, dzhigit Russ!» (en su lengua, dzhigit significa «valiente»). Y se echó a reír, y le dijo algo al intérprete, que tradujo: «Mil rublos lo satisfarán».

Zhílin se mantuvo en sus trece: «No daré más de quinientos. Y si me matan, no van a sacar absolutamente nada».

Los tártaros hablaron un rato, luego enviaron al criado a buscar algo, y seguían mirando, ora a Zhílin, ora a la puerta. El criado regresó, seguido por un hombre fornido, descalzo y andrajoso, que también llevaba una pierna encadenada.

Zhílin soltó un suspiro de sorpresa: era Kostílin. A él también lo habían atrapado. Los pusieron uno al lado del otro, y comenzaron a contarse mutuamente lo que había ocurrido. Mientras hablaban, los tártaros observaban en silencio. Zhílin relató lo que le había pasado; y Kostílin contó cómo su caballo se había detenido,

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