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nydus/Short FictionPublic
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IX

Pasaron otros siete años. Mezhenetski había cumplido su condena de aislamiento en la Fortaleza de Pedro y Pablo, y era trasladado a trabajos forzados en Siberia.

Durante aquellos siete años había vivido mucho, pero el rumbo de sus pensamientos no había cambiado, ni su energía se había debilitado.

Cuando fue sometido a interrogatorio antes de su encarcelamiento en la Fortaleza, había asombrado a los magistrados y jueces por su firmeza y su actitud despectiva con respecto a las personas en cuyo poder se encontraba.

En lo más hondo de su alma sufría por haber sido capturado y no poder terminar la obra que había comenzado; pero no lo demostraba.

En cuanto se hallaba cara a cara con la gente, la energía de la cólera se despertaba en él. Permanecía en silencio cuando se le hacían preguntas, excepto cuando se presentaba la oportunidad de decir algo que hiriera a uno de los examinadores: un oficial de la gendarmería o el fiscal.

Cuando le repitieron la frase habitual: «Puede mejorar sustancialmente su situación mediante una sincera confesión», él sonrió con desprecio y dijo, tras una breve pausa:

“Si esperan que traicione a mis camaradas, por miedo o por lucro, me están juzgando por ustedes mismos.

¿Pueden acaso imaginar que, al hacer aquello por lo que ahora me juzgan, no estaba preparado para lo peor?

Así que no pueden sorprenderme ni atemorizarme con nada de lo que hagan; pueden hacerme lo que quieran, pero no voy a hablar”.

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