apresuradamente y salió precipitadamente de la habitación, haciendo resonar el tacón de sus zapatos al marchar.
No fue sino mucho después cuando comprendí el significado de este arrebato. Emprendieron sus viajes bajo el nombre de conde y condesa del Norte. Fue idea de mi abuela que se marcharan. Mi padre temía que, en su ausencia, lo privaran del derecho al trono y que a mí se me reconociera como su sucesor. ¡Dios mío! Él valoraba aquello que nos arruinó a ambos —nos arruinó física y espiritualmente—, ¡y yo, desgraciado de mí, no lo valoraba menos que él!
Oigo que alguien llama a la puerta y recita una oración en el nombre del Padre y del Hijo. Amén.
Debo guardar mis papeles e ir a ver quién es. Con la gracia de Dios continuaré mañana.