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nydus/Short FictionPublic
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IV

la cabeza. Sonrió al vernos y siguió hablando con un general con la condecoración de la orden de San Andrés. Era un hombre alto y de hombros anchos, con una terrible cicatriz en la mejilla, desde la boca hasta la oreja. Era Orlov, le Balafre. Nunca antes lo había visto.

Mi perrito favorito, Michot, saltó desde los pies del vestido de la abuela, y comenzó a darme patitas y a hacerme cosquillas en la cara.

Nos acercamos a la abuela y le besamos la mano regordeta y amarillenta. Ella la puso bajo mi barbilla y comenzó a acariciarme con sus dedos doblados.

A pesar de sus perfumes, sentí aquel olor desagradable a su alrededor. Ella continuó hablando con el Balafre.

—¿No es un muchacho apuesto? —dijo, señalándome—. No lo habías visto antes, ¿verdad, Conde?

—Son dos excelentes muchachos —contestó el conde, besándonos las manos por turno.

—¡Está bien, está bien! —le dijo a la doncella, que le estaba acomodando una cofia en la cabeza. Era la querida María Stepánovna, empolvada y maquillada, que siempre era amable conmigo.

Lanskoy le ofreció una tabaquera abierta. La abuela tomó un poco de rapé y sonrió al ver entrar a Matriona Denísovna, su bufona, que acababa de llegar.⁠ ⁠…

(Aquí se interrumpen los papeles.)

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