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nydus/Short FictionPublic
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V

Ayudó a Kostílin a levantarse y le pasó los brazos por debajo de los muslos. Luego salió al sendero, cargando con él.

—Solo que, por el amor del cielo —dijo Zhílin—, ¡no me ahogues con las manos! Agérrate a mis hombros.

A Zhílin la carga le pesaba mucho; los pies también le sangraban y estaba agotado. De vez en vez se agachaba para acomodar mejor a Kostílin, enderezándolo de un tirón para que fuera más erguido, y luego seguía adelante.

Sin embargo, el tártaro debió de haber oído realmente gritar a Kostílin. Zhílin oyó de repente que alguien galopaba por detrás y gritaba en lengua tártara. Se metió de un salto entre los arbustos. El tártaro empuñó su fusil y disparó, pero no les dio, gritó en su propia lengua y se alejó al galope por el camino.

—¡Bueno, ahora sí que estamos perdidos, amigo! —dijo Zhilin—. Ese perro va a juntar a los tártaros para darnos caza. ¡A menos que logremos alejarnos un par de millas de aquí, estamos perdidos!

Y pensó para sus adentros: «¿A qué diantres cargué con este zoquete? Me habría escapado hace mucho si hubiera estado solo».

—Sigue tú solo —dijo Kostílin—. ¿Por qué vas a perecer por mi culpa?

—No, no iré. No está bien abandonar a un camarada.

De nuevo cargó con Kostílin sobre sus hombros y continuó tambaleándose. Siguieron de ese modo durante otra media milla o más. Todavía estaban en el bosque y no podían ver el final del mismo. Pero la niebla ya se estaba disipando y las nubes parecían estar amontonándose; las estrellas ya no se veían.

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