hoja de papel con membrete impreso para que esa persona digna y pagada de sí misma fuera llevada ante él en calidad de acusado o testigo; y si no le importaba hacerlo sentar, tendría que estar de pie ante él y responder a sus preguntas. Iván Ilich nunca abusaba de esta autoridad suya; por el contrario, trataba de suavizar la expresión de la misma. Pero la conciencia de este poder y la posibilidad de suavizar su efecto constituían para él el principal interés y atractivo de su nueva posición. En el trabajo mismo, es decir, en las diligencias preliminares, Iván Ilich adquirió con gran rapidez el arte de descartar cualquier consideración ajena al aspecto oficial del caso, y de reducir cada caso, por complejo que fuera, a la forma en que podía plasmarse sobre el papel de un modo puramente externo, excluyendo por completo su visión personal del asunto y, lo que era de primordial importancia, observando todas las formalidades necesarias. Todo este trabajo era nuevo. Y él fue uno de los primeros hombres en poner en práctica las reformas del procedimiento judicial promulgadas en 1864.
Al