difícil decidirse; más aún, porque el disfrute está ante él. Pero el cristiano no tiene tal elección; o más bien la elección en pro de su disfrute personal no ocupa el primer lugar, sino uno subordinado. Para el cristiano la cuestión es si con su matrimonio va a ir en contra de la voluntad de Dios.
“Pero ¿en qué sentido puede haber en el matrimonio algo contrario a la voluntad de Dios?”
“Quizá olvide la Ilíada, que tú y yo leímos juntos, pero tú, que vives entre poetas y sabios, no puedes olvidarla. ¿Qué es toda la Ilíada? Es una historia de transgresiones de la voluntad de Dios en relación con el matrimonio. Menelao, Paris, Helena, Aquiles, Agamenón y Criseida: todo ello es una descripción de las terribles tribulaciones que se han sucedido y que surgen constantemente a partir de esta transgresión”.
“¿En qué consiste esta violación?”
“Consiste en esto: en que un hombre ama a una mujer por el goce personal que obtiene de la unión con ella, y no porque sea un ser humano como él, y así contrae matrimonio en aras de su propio placer.
El matrimonio cristiano solo es posible cuando un hombre siente amor por sus semejantes, y cuando el objeto de su amor carnal ha sido ya objeto del amor fraternal de hombre a hombre.
Así como una casa solo puede construirse de manera satisfactoria y duradera cuando hay unos cimientos; así como un cuadro solo puede pintarse cuando hay algo preparado sobre lo cual pintarlo; el amor carnal solo es lícito, razonable y duradero cuando se basa en el respeto y el amor de hombre a hombre. Solo sobre esta base puede establecerse una vida familiar cristiana y razonable”.
—Pero aun así —dijo Julio—, no veo por qué el amor cristiano, como lo llamas, excluye un amor por una mujer como el que experimentó Paris.