“Me acosté y comencé a pensar en los asuntos que me esperaban al día siguiente. Durante esos viajes, al dormir en un sitio nuevo, solía dormir mal, pero esta vez me dormí muy rápidamente. Y como a veces sucede, ya sabes, sientes una especie de descarga eléctrica y te despiertas. Así que me desperté pensando en ella, en mi amor físico por ella, y en Trujachevski, y en todo lo que se estaba consumando entre ellos. El horror y la rabia me estrujaron el corazón. Pero comencé a razonar conmigo mismo. «¡Qué tontería!», me dije. «No hay motivos en qué basarse, no hay nada ni ha habido nada. ¿Cómo puedo degradarla a ella y a mí mismo hasta el punto de imaginar tales horrores? Él es una especie de violinista contratado, conocido por ser un tipo sinvergüenza, y de repente una mujer honrada, la respetada madre de una familia, mi mujer... ¡Qué absurdo!». Así me lo parecía por un lado. «¿Cómo iba a dejar de ser así?», me parecía por el otro. «¿Cómo iba a dejar de suceder esa cosa tan sencilla e inteligible —aquello por lo que me casé con ella, por lo que he estado viviendo con ella, lo único que quería de ella y que otros, incluido este músico, por lo tanto, también deben desear? Es un hombre soltero, sano (recuerdo cómo trituraba el cartílago de una chuleta y cómo sus labios rojos se pegaban con avidez al vaso de vino), bien alimentado, rollizo, y no solo carente de principios, sino que evidentemente hace de su principio aceptar los placeres que se le presentan. Y tienen la música, esa voluptuosidad de los sentidos más exquisita, como nexo entre ellos. ¿Qué podría hacerle refrenarse, entonces? ¿Ella? Pero ¿quién es ella? Era, y sigue siendo, un misterio. No la conozco. Solo la conozco como a un animal. Y nada puede ni debe contener a un animal».
—Solo entonces recordé sus rostros aquella noche cuando, después de la Sonata a Kreutzer, tocaron alguna piecita apasionada, no recuerdo de quién, apasionada hasta lo obsceno. «¿Cómo me atreví a marcharme?», me pregunté, recordando sus rostros. ¿Acaso no era evidente que todo había sucedido entre ellos aquella noche? ¿No era evidente ya entonces que no solo no había barrera alguna entre ella y él, sino que ambos, y ella principalmente, sentían cierta dosis de vergüenza después de lo ocurrido? Recuerdo