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nydus/Short FictionPublic
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VII

Temprano a la mañana siguiente, un castaño regordete de anchos huesos —llamado Drum por alguna razón—, enganchado a un carro pequeño (el mayordomo solía conducir ese carro), estaba junto al porche de las viviendas de los siervos. Ania, la hija mayor de Polikéi, descalza a pesar de la aguanieve y el viento frío, y evidentemente asustada, sostenía las riendas con el brazo estirado y, con la otra mano, sujetaba una chaqueta descolorida, de color verde amarillento, echada sobre su cabeza. Esta chaqueta servía a la familia como manta, capa, capucha, alfombra, abrigo para Polikéi y muchas cosas más. El cuartucho de Polikéi era un hervidero de actividad. La luz tenue de una mañana lluviosa asomaba apenas por la ventana, rota aquí y allá y remendada con papel. Akoulina se alejó de su cocina junto al horno y dejó a sus hijos —los menores de los cuales todavía estaban en cama— temblando porque se les había quitado la chaqueta que les servía de manta y solo se la había reemplazado con el chal de la cabeza de su madre.

Akoulína se afanaba en preparar a su marido para el viaje. Su camisa estaba limpia, pero sus botas, que se abrían de par en par, le daban muchos dolores de cabeza.

Se había quitado sus medias gruesas de estambre (el único par que tenía) y se las había dado a su marido, y se habías apañado para recortar un par de suelas de una sudadera (que habían dejado descuidadamente en la caballeriza y que Polikéi se había llevado a casa dos días antes) de tal manera que taparan los agujeros de las botas y mantuvieran los pies secos.

Polikéy se sentó, con los pies y todo sobre la cama, desatando su faja para que no pareciera una cuerda sucia. La niña ceceante y gruñona, envuelta en la piel de oveja (la cual, aunque le cubría la cabeza, le arrastraba por los

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