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nydus/Short FictionPublic
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El mal tienta, pero el bien perdura

Vivía en tiempos antiguos un hombre bueno y bondadoso. Poseía los bienes de este mundo en abundancia, y muchos esclavos para servirle. Y los esclavos se enorgullecían de su amo, diciendo:

“No hay mejor señor que el nuestro bajo el sol. Nos alimenta y nos viste bien, y nos da trabajo adecuado a nuestras fuerzas. No guarda rencor, y jamás le dirige una palabra áspera a nadie. No es como otros amos, que tratan a sus esclavos peor que al ganado: castigándolos lo merezcan o no, y sin darles nunca una palabra amable. Nos desea el bien, hace el bien y nos habla con cariño. No deseamos una vida mejor”.

Así alababan los esclavos a su señor, y el Diablo, al verlo, se mortificó de que los esclavos vivieran en tal amor y armonía con su amo. Así pues, tomando bajo su poder a uno de ellos, cuyo nombre era Aleb, el Diablo le ordenó tentar a los demás esclavos. Y un día, cuando todos estaban sentados juntos descansando y hablando de la bondad de su amo, Aleb alzó la voz y dijo:

“Es una estupidez darle tanta importancia a la bondad de nuestro amo. El mismo Diablo sería amable con ustedes si hicieran lo que él quiere. Servimos bien a nuestro amo y le complacemos en todo. Tan pronto como piensa en algo, lo hacemos, anticipándonos a todos sus deseos. ¿Qué otra cosa puede hacer sino ser amable con nosotros? Prueben a ver qué pasa si, en lugar de complacerlo, le hacemos algún daño. Él actuará como cualquier otro y pagará con la misma moneda, como hacen los peores amos”.

Los demás esclavos comenzaron a negar lo que Aleb había dicho y, al fin, apostaron con él. Aleb se comprometió a hacer enojar a su amo. Si

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