“¿Pero cómo? Mi hijo mayor no es de fiar; a veces se le va la mano con la copa”.
—Ay, vecino, cuando nos muramos ellos seguirán adelante sin nosotros. Deje que su hijo empiece ahora a adquirir algo de experiencia.
—Eso es muy cierto; pero de algún modo, cuando uno empieza algo, le gusta verlo terminado.
—Oye, amigo, nunca podemos terminar con todo lo que tenemos que hacer. El otro día las mujeres de la casa estaban lavando y haciendo la limpieza de Pascua. Aquí hacía falta hacer algo, allá otra cosa, y no conseguían terminarlo todo. Así que mi nuera mayor, que es una mujer sensata, dice:
«Podemos dar gracias de que la fiesta llegue sin esperarnos, o por mucho que trabajáramos nunca estaríamos listos para ella».
Efím se quedó pensativo.
—He gastado mucho dinero en este edificio —dijo—, y uno no puede emprender el viaje con los bolsillos vacíos. Necesitaremos cien rublos cada uno, y no es una suma pequeña.
Elisha se rio.
—¡Vaya, vaya, viejo amigo! —dijo—, tú tienes diez veces más que yo, y aun así hablas de dinero. Di tan solo cuándo vamos a partir, y aunque ahora no tengo nada, tendré suficiente para entonces.
Efím también sonrió.
—¡Válgame Dios, no sabía que fueras tan rico! —dijo él—. A ver, ¿de dónde lo vas a sacar?