“¿Por qué no se me llamó antes?”
El padre Vasili tomó su té sin leche (era viernes); y luego, tomando los santos misterios, se puso el abrigo de piel y el gorro y salió al porche con aire resuelto.
El campesino lo estaba esperando allí.
—Buenos días, Mitri —dijo el padre Vasili, y remangándose la sotana, se hizo la señal de la cruz, tras lo cual le tendió su mano pequeña y fuerte, de uñas cortadas al ras, para que se la besara, y salió a los peldaños.
El sol había salido, pero aún no se veía tras las nubes colgantes. El campesino sacó el carro del patio y se arrimó a la puerta principal. El padre Vasili pisó con agilidad el eje de la rueda trasera y se sentó en el pescante, que estaba atado con heno.
Mitri, subiendo a su lado, arreó a la yegua de ijares abultados y orejas caídas, y el carro traqueteó sobre el lodo congelado. Caía una fina nieve.