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nydus/Short FictionPublic
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XVI

todas estas cosas nosotros, especialmente ella, oíamos reglas nuevas cada semana, como si los niños no hubieran empezado a nacer en el mundo desde ayer. Y si un niño que no había sido alimentado o bañado de la manera correcta o en el momento oportuno enfermaba, parecía que la culpa era nuestra por no haber hecho lo que debíamos.

“Así era mientras estaban buenos. Era un tormento incluso entonces. ¡Pero si a alguno de ellos le daba por enfermar, se acabó todo: un infierno en toda regla! Se supone que la enfermedad se puede curar y que hay una ciencia al respecto, y gente —los médicos— que entiende de ello. Ah, pero no todos entienden; solo los mejores. Cuando un niño enferma hay que dar con el mejor de todos, con el que salva, y entonces el niño se salva; pero si no consigues a ese médico, o si no vives en el lugar donde vive ese médico, el niño está perdido. Este no era un credo exclusivo de ella, es el credo de todas las mujeres de nuestra clase, y ella no oía otra cosa por todas partes. Ekaterina Semiónovna perdió dos hijos porque a Iván Zajárych no lo llamaron a tiempo, pero Iván Zajárych salvó a la hija mayor de María Ivánovna, y los Petróv se mudaron a tiempo a varios hoteles por consejo del médico, y los niños siguieron con vida; pero si no los hubieran aislado, los niños habrían muerto. Otra que tenía un hijo delicado se mudó al sur por consejo del médico y salvó al niño. ¿Cómo no va a estar atormentada y agitada todo el tiempo, cuando la vida de los hijos a los que está apegada con un amor visceral depende de que ella descubra a tiempo lo que va a decir Iván Zajárych! Pero lo que va a decir Iván Zajárych no lo sabe nadie, y él el primero, pues es muy consciente de que no sabe nada y, por tanto, no puede ser de ninguna utilidad, sino que anda dando tumbos a la ventura para que la gente no deje de creer que sabe algo o lo otro. Verás, si hubiera sido enteramente un animal no habría sufrido tanto, y si hubiera sido un ser humano cabal habría tenido fe en Dios y habría dicho y pensado, como hace un creyente: «El Señor dio y el Señor quitó. De Dios no se puede escapar».

—Toda nuestra vida con los niños, para mi mujer y por consiguiente para mí, no fue una alegría sino un tormento. ¿Cómo iba a evitar

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