Los árboles desplegaron sus ramas inmóviles con más alegría que nunca en el espacio abierto. Los primeros rayos del sol, atravesando la nube transparente, brillaron en el cielo y se lanzaron sobre la tierra. La niebla comenzó a ondular en oleadas hacia las hondonadas; el rocío brillaba chispeante sobre la hierba verde; las nubes transparentes se volvieron blancas y flotaron apresuradas a través del cielo azulado. Los pájaros revoloteaban de aquí para allá entre los matorrales y entonaban alguna canción alegre, como locos. Las hojas jugosas susurraban gozosas y tranquilas en las copas de los árboles, y las ramas de los árboles vivos se mecían lenta y majestuosamente sobre el árbol muerto y caído.
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IV
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