Un muchacho que salió por la puerta fue apaleado y devuelto a empujones a la casa. Los de adentro comenzaron a deliberar sobre qué debía hacerse, y no lograron ponerse de acuerdo.
El sastre dijo: «Debemos soportar todo lo que se nos haga y no oponer resistencia».
Chouev replicó que, si se decidían por ese camino, todos ellos moriría a palos. En consecuencia, empuñó un atizador y salió de la casa.
«¡Vamos! —gritó—, ¡sigamos la ley de Moisés!».
Y, abalanzándose sobre los campesinos, le sacó un ojo a uno de ellos, mientras entretanto todos los que habían estado en su casa se las ingeniaron para salir y regresar a los sus hogares.
Chouev fue encarcelado y acusado de sedición y blasfemia.