fui con él a Pashútino en media hora.
—¿Qué? —preguntó Nikíta, que no oía a causa del cuello.
—Digo que una vez fui a Pashútino en media hora —gritó Vasili Andréevich.
—Sobra decir que es un buen caballo —respondió Nikíta.
Guardaron silencio un rato. Pero Vasíli Andréevich tenía ganas de hablar.
—Bueno, ¿le dijiste a tu mujer que no le diera vodka al tonelero? —comenzó con el mismo tono alto, completamente convencido de que Nikíta debía sentirse halagado por hablar con una persona tan lista e importante como él, y estaba tan contento con su broma que ni por asomo se le pasó por la cabeza que el comentario pudiera resultarle desagradable a Nikíta.
El viento volvió a impedir que Nikíta