La celda era una cueva doble, excavada en la ladera de la colina, y en ella había sido enterrado Hilarión. En la parte posterior estaba la tumba de Hilarión, mientras que en la delantera había un nicho para dormir, con un jergón de paja, una mesita y una balda con iconos y libros. Fuera de la puerta exterior, que se cerraba con un gancho, había otra balda en la que, una vez al día, un monje colocaba comida procedente del monasterio.
Y así, Sergio se convirtió en ermitaño.