XVII
El gran horno
Érase una vez un hombre que tenía una casa grande, y en la casa había un horno grande; pero la familia de este hombre era pequeña: solo él y su esposa.
Cuando llegó el invierno, el hombre intentó mantener su horno encendido; y en un mes quemó toda su leña. No tenía con qué alimentar el fuego, y hacía frío.
Entonces el hombre comenzó a desmontar sus cercas y a usar las tablas como combustible.
Cuando hubo quemado todas sus cercas, la casa, ahora sin ninguna protección contra el viento, estaba más fría que nunca, y aún así seguían sin leña.
Entonces el hombre comenzó a derribar el techo de su casa, y a quemar eso en el horno.
Un vecino advirtió que estaba derribando su cielo raso, y le dijo:—
—Pero, vecino, ¿se ha vuelto loco?, ¡ponerse a derribar el techo en pleno invierno! ¡Usted y su mujer se van a morir de frío!
Pero el hombre dijo:—
“No, hermano; ya ves que estoy derribando mi techo para tener con qué calentar mi horno. ¡Tenemos uno de lo más curioso; cuanto más lo caliento, más frío tenemos!”
El vecino se rio y dijo:—