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nydus/Short FictionPublic
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Memoirs of a Lunatic

Mi vida en casa parecía ser exactamente igual que siempre, salvo por el hecho de que me había dado por rezar y acudir a la iglesia. Pero ahora, al recordar aquel tiempo, veo que solo imaginaba que mi vida era la misma que antes. El caso es que me limité a continuar lo que ya había comenzado previamente, y corría con la misma velocidad sobre rieles ya trazados; pero no emprendí nada nuevo.

Aun en aquellas cosas que ya había emprendido mi interés había disminuido. Estaba cansado de todo y me estaba volviendo muy religioso. Mi esposa se dio cuenta de esto, y a menudo se disgustaba conmigo por ello.

No ocurrió ningún nuevo acceso de angustia mientras estuve en casa. Pero un día tuve que ir inesperadamente a Moscú, donde tenía pendiente un pleito. En el tren entré en conversación con un terrateniente de Járkov. Hablábamos sobre la administración de fincas, asuntos bancarios, los hoteles de Moscú y los teatros. Ambos decidimos hospedarnos en el «Patio de Moscú», en la calle Miasnitskaya, e ir esa noche a la ópera, a Fausto.

Cuando llegamos me condujeron a una pequeña habitación, con el pesado olor del pasillo aún en mis fosas nasales. El mozo trajo mi maleta y la criada encendió la vela, cuya llama ardió con brillantez primero y luego parpadeó, como suele hacerlo. En la habitación contigua a la mía oí toser a alguien, probablemente a un anciano. La criada salió, y el mozo preguntó si deseaba que me abriera la bolsa de viaje.

Mientras tanto, la llama de la vela había avivado su resplandor, proyectando su luz sobre el papel pintado de azul con rayas amarillas, sobre el tabique, sobre la mesa desgastada, sobre el pequeño sofá situado frente a ella, sobre el espejo colgado en la pared y sobre la ventana. Vi cómo era aquella pequeña habitación y sentí de pronto que el horror de la noche de Arzamas despertaba en mi interior.

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