Los boyeros siguieron su consejo. Dejaron que el fuego ardiera con furia antes de echar la broza, la cual estalló en llamas de modo que pronto tuvieron una hoguera rugiente.
El ahijado se quedó con ellos un rato y luego continuó su camino. Siguió adelante, preguntándose qué podrían significar las tres cosas que había visto; pero no pudo adivinarlas.