enteró de que había llegado?
“Sería una pena para Moscú si no lo supiera. Es una lástima que no la hayan recibido en la barrera. ¿Dónde almuerza? Sin duda con su hermana, María Ivánovna. Muy bien, allí estaré yo mismo”.
Pedro Ivánovich siempre tenía el aspecto de un hombre orgulloso para quien no alcanzara a discernir a través de ese exterior la expresión de una bondad y una impresionabilidad indescriptibles; pero en ese momento hasta María Nikoláevna se alegró de ver su insólita dignidad, y Sonia Petróvna sonrió con los ojos al mirarlo.
Llegaron a la casa de María Ivánovna. María Ivánovna era la madrina de Pedro Ivánovich y le llevaba diez años. Era una solterona.