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nydus/Short FictionPublic
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IV

“No digo que el matrimonio cristiano no permita el amor exclusivo hacia una mujer; por el contrario, solo entonces es razonable y santo; pero el amor exclusivo hacia una mujer solo puede surgir cuando el amor existente hacia todos los hombres no ha sido violado previamente.

El amor exclusivo hacia una mujer que cantan los poetas, calificándolo de bueno, aunque no se fundamente en el amor al prójimo, no tiene derecho alguno a llamarse amor. Es una pasión animal y muy frecuentemente se transforma en odio.

La mejor prueba de esto es cómo este llamado amor, o eros, de no estar fundado en el amor fraternal hacia todos los hombres, se vuelve brutal; esto se muestra en los casos en que se ejerce violencia contra la misma mujer que el hombre profesa amar y, al hacerlo, la obliga a sufrir y la arruina.

En la violencia es manifiesto que no hay amor al prójimo —no, ni siquiera si atormenta a la persona que ama—. Pero en el matrimonio no cristiano la violencia a menudo se oculta cuando el hombre que se casa con una muchacha que no lo ama, o que ama a otro, la obliga a sufrir y no se apiada de ella, con tal de satisfacer su pasión”.

—Admitamos que esto es así —dijo Julio—, pero si una muchacha lo ama, entonces no hay injusticia, y no veo ninguna diferencia entre el matrimonio cristiano y el pagano.

—No conozco los detalles de tu matrimonio —respondió Pánfilo—, pero sé que todo matrimonio que tenga como base únicamente el beneficio personal no puede dejar de ser la causa de discordia, exactamente igual que el mero acto de alimentarse no puede tener lugar entre animales y hombres sin peleas y trifulcas. Todos quieren el bocado dulce, y como no hay suficientes bocados dulces para todos, estalla la pelea. Incluso si no hay una pelea externa, la hay secreta.

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