separar el placer del trabajo, es lo mismo que arrancar los tallos de las flores y plantarlos sin semillas. Nosotros tenemos esta fe y, por lo tanto, no podemos buscar el engaño en lugar de la verdad. Nuestra fe consiste en esto: en que el bienestar de la vida no está en sus placeres, sino en el cumplimiento de la voluntad de Dios sin pensar en sus placeres ni esperarlos. Y así vivimos, y cuanto más vivimos, más vemos que el placer y el bienestar, como una rueda detrás de las varas, siguen al cumplimiento de la voluntad de Dios. Nuestro Señor ha dicho: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga»”.
Así habló Panfilio.
Julio escuchó, y su corazón se estremeció dentro de él; pero lo que Panfilo decía no le era claro: en un momento le parecía que Panfilo lo estaba engañando, pero cuando miraba a los ojos bondadosos de su amigo y recordaba su bondad, le parecía que Panfilo se estaba engañando a sí mismo.