CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Les MisérablesPublic
Página 1002 de 2247
Table of Contents

Libro IV. Los Amigos de la A.B.C.

como Harmodio, creía que las flores no servían para otra cosa que para ocultar la espada. Era austero en sus goces. Bajaba castamente los ojos ante todo lo que no fuera la República. Era el amante de mármol de la libertad. Su palabra estaba duramente inspirada y tenía la vibración de un himno. Era propenso a arrebatos inesperados del alma. ¡Ay del amorío que se hubiera aventurado a su lado! Si alguna modistilla de la plaza Cambrai o de la calle Saint-Jean-de-Beauvais, al ver ese rostro de joven escapado del colegio, ese aire de paje, esas largas pestañas doradas, esos ojos azules, esos cabellos ondeando al viento, esas mejillas rosadas, esos labios frescos, esos dientes exquisitos, hubiera concebido apetencia por aquella aurora completa y hubiera probado su belleza con Enjolras, una mirada asombrosa y terrible le habría mostrado pronto el abismo, y le habría enseñado a no confundir al poderoso querubín de Ezequiel con el galante Querubino de Beaumarchais.

Al lado de Enjolras, que representaba la lógica de la Revolución, Combeferre representaba su filosofía. Entre la lógica de la Revolución y su filosofía existe esta diferencia: que su lógica puede

1002