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nydus/Les MisérablesPublic
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Libro VII. El convento como idea abstracta

Simplemente despobla. Enclaustramiento, castración. Ha sido el flagelo de Europa. Añádase a esto la violencia tantas veces ejercida contra las conciencias, las vocaciones forzadas, el feudalismo apuntalado por el claustro, el derecho de primogenitura que vertía el exceso de la familia en el monacato, las ferocidades de las que acabamos de hablar, el in pace, las bocas cerradas, los cerebros amurallados, tantas mentes desdichadas metidas en el calabozo de los votos perpetuos, la toma del hábito, el entierro de almas vivas. Añádase las torturas individuales a las degradaciones nacionales y, quienquiera que seáis, os estremeceréis ante la saya y el velo, esos dos sudarios ideados por el hombre. No obstante, en ciertos puntos y en ciertos lugares, a pesar de la filosofía, a pesar del progreso, el espíritu del claustro persiste en pleno siglo diecinueve, y un singular recrudecimiento ascético asombra en este momento al mundo civilizado. La obstinación de las instituciones anticuadas en perpetuarse se asemeja a la terquedad del perfume rancio que pretendiera impregnar nuestros cabellos, a la pretensión del pescado podrido que insistiera en ser comido, a la persecución de la ropa de niño que se empeñara en vestir al hombre, a la ternura de los cadáveres que volvieran para abrazar a los vivos.

“¡Ingratos!”, dice la prenda de vestir, “los protegí en el mal tiempo. ¿Por qué no quieren saber nada de mí?”.

  • “Acabo de venir de las profundidades del mar”, dice el pez.
  • “He sido una rosa”, dice el perfume.
  • “Te he amado”, dice el cadáver.
  • “Los he civilizado”, dice el convento.

A esto no hay más que una sola respuesta:

«En los tiempos pasados».

Soñar con la prolongación indefinida de las cosas difuntas, y con el gobierno de los hombres mediante el embalsamamiento, restaurar

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