Luis Felipe anotó a Beccaria de su propia mano. Tras la máquina de Fieschi, exclamó: «¡Qué pena no haber sido herido! ¡Entonces podría haber indultado!». En otra ocasión, aludiendo a la resistencia ofrecida por su ministerio, escribió en relación con un reo político que es una de las figuras más generosas de nuestros días: «Su indulto está concedido; solo me falta obtenerlo». Luis Felipe era tan apacible como san Luis y tan bondadoso como Enrique IV
Ahora bien, a nuestro parecer, en la historia, donde la bondad es la más rara de las perlas, el hombre bondadoso casi tiene precedencia sobre el hombre grande.
Habiendo sido Luis Felipe severamente juzgado por unos, duramente, tal vez, por otros, es muy natural que un hombre, él mismo un fantasma en la actualidad, que conoció a aquel rey, venga a deponer en su favor ante la historia; esta declaración, sea lo que fuere, es evidente y ante todo completamente desinteresada; un epitafio trazado por un hombre muerto es sincero; una sombra puede consolar a otra sombra; el hecho de compartir las mismas tinieblas confiere el derecho de elogiarla; no es muy de temer que se diga jamás de dos tumbas en el exilio: «Esta halagó a la otra».
IV
Grietas bajo los cimientos
En el momento en que el drama que estamos relatando está a punto de penetrar en las profundidades de una de las nubes trágicas que envuelven los comienzos del reinado de Luis Felipe, era preciso que no hubiese equívoco, y se hizo necesario que este libro ofreciera alguna explicación respecto a este rey.